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Este miércoles 21 de octubre, han comenzado las XVIII Jornadas Internacionales Barcelona Down que organiza la Fundación Catalana Síndrome de Down (FCSD). Este año se celebran de manera online con más de 400 inscritos y abordan la mejora de la salud mental de las personas en situación de discapacidad intelectual.

El objetivo de las jornadas es adquirir un mayor conocimiento de los trastornos mentales de este colectivo, su prevalencia, las peculiaridades de los tratamientos (farmacológicos y psico-terapéuticos), así como los diferentes tipos de abordajes desde los entornos educativo y social, sin olvidar el acompañamiento y orientación a las familias, cuidadores y otros referentes.

El acto inaugural ha contado con la presencia de Joan Ramon Riera, concejal del Ayuntamiento de Barcelona y presidente del Instituto Municipal de Personas con Discapacidad (IMPD); Ana María Pérez del Campo, subdirectora general de Planificación Sanitaria de la Generalitat de Catalunya; y Katy Trias, directora general de la FCSD.

Joan Ramon Riera ha destacado la necesidad de adaptar los servicios públicos al envejecimiento general de la sociedad. Según Riera, se estima que en 2040 Barcelona será una de las ciudades más longevas del mundo: «Uno de cada cuatro ciudadanos tendrá más de 65 años». Por ello, hay que promover la salud física y mental de las personas mayores.

Por su parte, Ana María Pérez del Campo ha señalado la dificultad del diagnóstico de trastorno mental en las personas en situación de discapacidad intelectual porque cuesta discriminar los aspectos realmente patológicos de los que no lo son. Sin embargo, la Generalitat de Catalunya dispone del Plan director de salud mental y adicciones que también hace referencia a las personas con Discapacidad Intelectual que ofrece una atención ambulatoria por parte de un equipo multidisciplinar. La finalidad es la promoción y prevención, tratamiento, rehabilitación e inserción social y laboral de las personas afectadas.

El impacto de la Covid-19 en la salud mental

Los expertos nos apuntan que los casos de estrés y ansiedad están aumentando a raíz de la Covid-19 y que la salud mental de la población será una de las grandes víctimas de la pandemia. Katy Trias, directora general de la FCSD, considera que «la pandemia nos ha puesto ante el espejo» de la salud mental. Por tanto, habrá tener especial cuidado en su seguimiento.

Trias cree que el impulso de la autonomía y la inclusión real en las personas en situación de discapacidad intelectual revierte positivamente en su salud mental: «Una persona que tiene una vida plena en relación a sus deseos y proyecto de vida, es una persona que seguramente tiene menos probabilidades de experimentar problemas de salud mental«. Del mismo modo, «una persona que no ha trabajado un proyecto de vida, no sabe describir e interpretar sus sentimientos y emociones o no tiene un espacio donde expresarlo, puede experimentar de forma más fácil sentimientos de frustración, rabia o dolor que le provoquen situaciones de salud mental complicadas «, asegura la directora general de la FCSD.

Más riesgo de sufrir depresión y autismo

La conferencia inaugural ha sido impartida por el doctor Andre Strydom del Kings College de Londres y ha abordado los trastornos mentales en jóvenes y adultos con síndrome de Down (SD). Strydom ha explicado que «los trastornos afectivos (depresión) son cuatro veces más corrientes en personas con discapacidad intelectual respecto a la población general».

En el caso concreto del síndrome de Down, los problemas más frecuentes son la depresión y el autismo, sin que se detecte una diferencia significativa entre sexos. En cambio, en el caso de la población en general el género es determinante: el autismo se da cuatro veces más en los hombres respecto a las mujeres, mientras que la depresión es el doble en las mujeres.

Como recomendaciones para mejorar la salud mental de las personas con SD, Strydom destaca la importancia de la atención temprana, conocer los efectos de la discriminación y los estigmas, suministrar la medicación más adecuada de acuerdo con su metabolismo y recurrir a terapias psicológicas (de conversación, arteterapia, del comportamiento…).

Por su parte, el doctor Juan Fortea, director de la Unidad Alzheimer-Down de la FCSD, ha manifestado que actualmente la SD es considerada una forma genéticamente determinada de enfermedad de Alzheimer, debido a la presencia de una copia extra del gen de la proteína precursora de amiloide (APP), situado en el cromosoma 21. Sin embargo, no todas las personas con síndrome de Down desarrollarán una demencia, pero a partir de los 40 años, presentarán los hallazgos neuropatológicas características de la enfermedad de Alzheimer. La prevalencia de demencia en esta población aumenta exponencialmente a partir de los 60 años.

Según Fortea, se estima que en el mundo hay 6 millones de personas que tienen SD. En Cataluña, se estima que son 5.000; y en España, 34.000.

La importancia del apoyo positivo

La primera mesa redonda ha tratado las estrategias de prevención de los problemas de salud mental y ha contado con la participación de Josep Font, pedagogo y profesor asociado de la Universidad de Vic; y de Maribel Perucha, de la Fundación Aprocor; bajo la moderación de Pep Ruf, responsable del área de adultos de la FCSD.

Font se ha centrado en la metodología del apoyo positivo que plantea «un tipo diferente de abordaje de las conductas problemáticas». El objetivo es la «creación de contextos de apoyo que permitan a la persona resolver sus problemáticas».

Por su parte, Perucha ha explicado la función de asistencia personal que da apoyo a las personas en situación de discapacidad intelectual para que sea un ciudadano de pleno derecho: «Empoderar a la persona en su toma de decisiones con un lenguaje sencillo y ajustando las expectativas«, afirma Perucha.

Factores que favorecen y deterioran la salud mental

El doctor Ignasi Bardés del Centro Médico Barcelona Down de la FCSD ha introducido la segunda mesa redonda destacando la atención emocional: «Para experimentar una emoción hay una situación de homeostasis (estabilidad interna). Cuando las emociones se muestran extremadas hablamos de patologías «, afirma Bardés.

Beatriz Garvía, psicóloga clínica de la FCSD; y la doctora Mariona Adrover, psiquiatra especializada en DI; han sido las ponentes de la segunda mesa redonda que ha abordado los principales trastornos mentales en las personas en situación de discapacidad intelectual. Garvía ha insistido en que mayor bienestar emocional implica mejor salud mental: «El niño que se siente amado y aceptado crece sano psicológicamente«, aseguró.

Garvía ha mencionado los principales factores que favorecen la salud mental de las personas en situación de discapacidad intelectual: la identidad (conocer la discapacidad y las capacidades), la autoestima, las habilidades de comunicación y lenguaje y las relaciones personales, familiares y sociales.

Por el contrario, Garvía también ha identificado los principales factores que desencadenan problemas de salud mental: el estrés, la falta de oportunidades, la falta de respeto, los eventos esperados pero estresantes y los eventos inesperados y estresantes, como la pena, el sufrimiento y el duelo. Este último extremo se ha visto intensificado como consecuencia de la Covidien-19.

Más nivel de discapacidad intelectual, más prevalencia de trastornos

En su intervención, Mariona Adrover ha abordado la prevalencia de trastornos psiquiátricos vinculados con la discapacidad intelectual (DI). En este sentido, Adrover ha hecho referencias a estudios científicos que afirman que un 40% de personas en situación de discapacidad intelectual presentan trastornos psiquiátricos. Si se excluyen los problemas de conducta, el porcentaje es del 28,3%. La prevalencia de trastornos psiquiátricos aumenta en función del nivel de discapacidad: cuanto más grave más prevalencia.

Del mismo modo, Adrover ha manifestado que los problemas de salud mental pueden desarrollarse y presentarse de diferentes maneras en las personas con discapacidad intelectual respecto las que no lo tienen. Por ello, «el diagnóstico de enfermedades mentales en personas con DI plantea un gran desafío«, concluye Adrover.

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