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La Fundación Catalana Síndrome de Down (FCSD) alerta del peligro de la regresión del ejercicio de los derechos de las personas en situación de discapacidad intelectual como consecuencia de la crisis provocada por la gestión de la Covid-19. «La preservación de los derechos de las personas en situación de discapacidad intelectual nos preocupa especialmente. De entrada, el ejercicio de sus derechos de por sí es muy frágil; por eso tenemos que velar porque en el escenario post Covid-19 se garanticen (espacios de reivindicación y toma de conciencia, trabajo, vida independiente, participación en la comunidad, ocio…) «, afirma Katy Trias, directora general de la FCSD.

 

Reivindicación y toma de conciencia

La Asamblea de Derechos Humanos Montserrat Trueta de la FCSD reivindica el cumplimiento de la Convención Internacional de Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, y de la Declaración Conjunta sobre Salud mental, Discapacidad y Covid19 (en catalán).

A los miembros de la Asamblea les preocupa especialmente el acceso a la información, el derecho a reunirse, la dificultad para hacer oír su voz y sus reivindicaciones, la participación política y el no poder seguir haciendo conferencias presenciales en escuelas, universidades y para la sociedad en general. Asimismo, reclaman que la respuesta en el escenario post-Covid19 sea plenamente inclusiva y se cuente con su participación.

 

Accesibilidad cognitiva

La inclusión en la escuela es imprescindible para generar el cambio en la sociedad para que los derechos humanos y la Convención sean garantizados como es debido. La desigualdad previa se acentúa por la dificultad de acceder a los contenidos digitales y por la falta de sistemas de lectura fácil u otras medidas de accesibilidad cognitiva existentes.

Aparte del acceso cognitivo, también hay problemas de acceso físico a las tecnologías. La FCSD ha detectado un 20% de brecha digital entre sus personas adultas que puede dificultar la conexión social con el entorno, la educación o hacer teletrabajo.

Garantizar la incorporación al mercado laboral

El laboral ha sido uno de los ámbitos más afectados por la pandemia. Sólo el 16% de las personas usuarias del servicio de Inclusión Laboral de la FCSD estando trabajando en este momento. A un 42,4% de se les ha aplicado un Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) y en un 29,5%, se les ha concedido un permiso retribuido. La FCSD pide preservar los puestos de trabajo y garantizar su incorporación al mercado laboral: «Tenemos que defender al máximo el derecho a trabajar de las personas en situación de discapacidad intelectual en un entorno inclusivo. No podemos aceptar que siempre paguen los platos rotos los más vulnerabilizados. Nos ha costado mucho llegar donde estamos. No podemos tirar por la borda todo este trabajo «, asegura Katy Trias.

 

Preservar la vida independiente

El estado de alarma derivado de la Covid-19 también ha hecho tambalear los proyectos de vida independiente de las personas en situación de discapacidad intelectual. De acuerdo con ello, un 8% de las personas usuarias del Servicio de Vida Independiente de la FCSD se ha instalado en casa de los padres o de un familiar para vivir el confinamiento. El escenario de incertidumbre provocado por la pandemia genera inquietud a las familias y en algunos casos puede peligrar el ejercicio al derecho a la vida independiente. Ante esto, la FCSD reclama medidas para poder garantizar el apoyo en el hogar de forma efectiva y alerta de la «situación de terror» que está suponiendo la pandemia para todas aquellas personas que ya vivían en situación de segregación y de confinamiento previo.

Preservar el ocio, la cultura y el deporte en la comunidad

Del mismo modo el derecho a participar en la comunidad en actividades de ocio, culturales y deportivas es uno de los derechos que más puede costar que vuelva a su ejercicio con normalidad tanto para la población general, como especialmente para la población que ya le costaba tener acceso previo a la pandemia. Consideramos que es un derecho vital a preservar para la salud mental de las personas.

En definitiva, esperamos que esta crisis sea una evidencia de que hay que tener en cuenta y empatizar más con las personas en situación de mayor vulnerabilidad. Necesitamos refortalecer y reorganizar la sociedad de forma más solidaria y cohesionada porque cuando volvamos a la «normalidad» no sigan pagando los platos rotos los mismos. Toca rediseñar la sociedad para que sea verdaderamente inclusiva y nadie quede excluido.

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